Ella y él entraron, besándose con furia. Lamiéndose, mordiéndose, tocándose por todas las partes del cuerpo que pudieran, mientras se quitaban la ropa desesperadamente. Ella se tendió en el suelo como pudo y él la siguió, apretándola contra la alfombra. El olor a alcohol inundaba la habitación en penumbras, la primera que habían encontrado. Esta tenía un gran ventanal que respiraba a la ciudad nocturna.
Él descubriría la belleza de esa vista a la mañana siguiente. Fumaba para intentar olvidar el dolor de cabeza, que no le dejaba dormir. Ella tomó su ropa y se vistió con rapidez. Se peinó el cabello con los dedos, tomó su chaleca y caminó hacia la puerta.
—Chao, Paola —murmuró él, sin mirarla.
—Pamela —murmuró ella, sin mirarlo. Se escuchó un puerta cerrándose.
Segundos después él agachó la cabeza, se tapó los ojos con su mano libre y comenzó a gemir amargamente...

Last Nite