La noche pasada soñé contigo. También la anterior. Y hace un par de
meses, tal vez hace años. Apareces en distintas formas, mutas, cambias, pero sé
que siempre has sido el mismo. Aquella parte de mí que me hace falta. Esa otra
parte que grita por encontrar a su hermana. Pero sigue sin dejarse ver. Me hace
daño. Me haces daño. Al despertar, mi labios no te encuentran, se preguntan
dónde has ido. Y no vuelves hasta que me
olvidado de buscarte, como si te dieras cuenta cuándo ya no estás en mis
pensamientos e hicieras lo posible para recordarme que sigues por ahí, y que
aún no te he encontrado. Cuánto te odio, por no aparecer, y cuánto te amo, por
saber cómo te amarías si estuvieras a mi lado. Atravesaría todas los muros que
el mundo nos pusiera, porque ya habrías saltado la primera: el tiempo. Porque
eres atemporal, porque estás y no estás a la vez, porque te vas y vuelves y
sigues siendo el mismo. Porque por mucho que te busque sé que nunca te
encontraré y solo me conformaré con alguien que me haga sentir una pequeña
fracción de lo que tú podrías hacerme sentir. Porque sería demasiado fácil,
porque la vida no quiere que yo sea feliz; tal vez que tú tampoco lo seas.
Porque sería todo demasiado fácil, tan fácil, tan, y la vida no es fácil...
Tú lo sabes incluso mejor que yo. Pero qué más da: ¿quieres ser infeliz
conmigo?

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